Aumento de la Resistencia Comunitaria en el Valle de los Centros de Datos de México

Aumento de la Resistencia Comunitaria en el Valle de los Centros de Datos de México

Resistencia comunitaria en el valle de los centros de datos en México

La oposición de las comunidades locales se intensifica en el estado de Querétaro, México, donde los habitantes expresan su descontento por el impacto ambiental de los centros de datos, así como por las promesas incumplidas de las empresas tecnológicas. En esta región semidesértica, la llegada de estos complejos ha desencadenado un severo racionamiento de agua y cortes de energía, afectando la calidad de vida de los residentes.

Impacto en el acceso al agua y la energía

Rita Zeferino, madre de familia y residente de la comunidad de Viborillas, rodeada de varios centros de datos, reporta irregularidades en el suministro de agua. «A veces llega, pero está sucia», comentó. Por su parte, Félix Farfán, un taxista de Ajuchitlán, ha visto cómo sus facturas de luz se dispararon desde la apertura de un centro de datos cercano. Su preocupación por el futuro de las próximas generaciones es evidente: «¿Qué heredarán las nuevas generaciones?», reflexionó.

Sin embargo, las comunidades están organizándose para exigir mayor transparencia a las empresas tecnológicas y a los funcionarios gubernamentales sobre el impacto ambiental de estas instalaciones. Zeferino es parte del Movimiento Antorchista, que aboga por el fin de la escasez de agua y por información sobre el consumo hídrico de las industrias en la región.

La inversión en centros de datos y sus consecuencias

A pesar del fuerte apoyo gubernamental a la construcción de centros de datos, que han atraído inversiones por más de 12,000 millones de dólares desde 2022, las comunidades locales se sienten ignoradas. La presidenta Claudia Sheinbaum promueve estas inversiones como un paso hacia el avance en inteligencia artificial y la nueva economía del país.

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Los centros de datos, que operan de manera continua, requieren grandes cantidades de electricidad y sistemas de refrigeración, lo que a su vez conlleva un alto consumo de agua. Aunque Adriana Rivera, presidenta de la Asociación Mexicana de Data Centers, afirma que muchos de estos centros utilizan tecnologías eficientes, la percepción en la comunidad es diferente: la escasez de agua es un problema tangible y persistente.

Activismo y búsqueda de respuestas

Grupos locales, como Voceras de la Madre Tierra, han comenzado a presentar solicitudes para conocer el uso real del agua por parte de los centros de datos, pero hasta ahora sus esfuerzos no han dado frutos. La activista Teresa Roldán ha enfrentado amenazas por su activismo, resaltando el impacto que estos centros tienen en las comunidades que dependen del agua para la agricultura y la ganadería.

Los residentes están cada vez más conscientes de cómo la llegada de estos centros ha afectado su vida diaria. Farfán, quien inicialmente no sabía qué era un centro de datos, ha notado un aumento en los cortes de electricidad y una infraestructura energética deficiente que no puede soportar la demanda.

Promesas incumplidas y desarrollo comunitario

Desde 2020, cuando Microsoft anunció una inversión significativa en la región, se prometieron miles de empleos. Sin embargo, la realidad ha sido diferente; a 2025, solo 64 personas estaban empleadas en un centro de datos, y la mayoría de los trabajos disponibles han sido temporales y de bajo nivel.

A pesar de los compromisos de mejorar la infraestructura local y la calidad de vida, los caminos permanecen sin pavimentar y los sistemas de drenaje inadecuados. Proyectos de desarrollo comunitario anunciados por Microsoft y ONU-Hábitat han quedado en gran medida sin cumplir, lo que ha generado desconfianza en la población.

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Iniciativas comunitarias y el futuro

En respuesta a la falta de información y acción, los residentes han comenzado a formar redes para investigar el impacto de los centros de datos en su entorno. Académicos y grupos ambientales se unen en la búsqueda de respuestas y presión sobre el gobierno para que revele la magnitud de los recursos utilizados por estas instalaciones.

Paola Ricaurte, profesora del Tecnológico de Monterrey, enfatiza la necesidad de visibilizar las consecuencias de esta expansión en un contexto de opacidad. «Hay evidencias tangibles que no están cuantificadas, pero son palpables para la gente», concluyó.

La lucha por respuestas y justicia ambiental continúa en Querétaro, donde las comunidades buscan equilibrar el desarrollo tecnológico con la protección de sus recursos naturales y su calidad de vida.

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