Fiscalía solicita 8 años de prisión para capitán y 5 para teniente por muertes en Cerro Muriano

Fiscalía solicita 8 años de prisión para capitán y 5 para teniente por muertes en Cerro Muriano

Juicio por las muertes de dos militares en Cerro Muriano

El proceso judicial relacionado con el trágico fallecimiento de un soldado y un cabo durante unas maniobras en la base de Cerro Muriano, Córdoba, avanza hacia su culminación. El Ministerio Público ha solicitado penas de ocho años de prisión para el capitán Zúñiga y cinco años para el teniente Tato, quienes están acusados de ser responsables por las muertes por ahogamiento de los militares Carlos León Rico y Miguel Ángel Jiménez Andújar, miembros de la Brigada Guzmán El Bueno X. Estos incidentes ocurrieron el 21 de diciembre de 2023, durante un ejercicio en el que otros dos soldados también sufrieron hipotermia y requirieron hospitalización.

Responsabilidades y acusaciones

El fiscal militar ha calificado al capitán Zúñiga como autor material de dos delitos contra la eficacia en el servicio, mientras que se incluye al teniente Tato en la misma acusación. Sin embargo, el tribunal no ha considerado que el teniente coronel y el comandante implicados en el caso tengan responsabilidad penal, recomendando su absolución.

Además de las penas de prisión, el fiscal ha solicitado que tanto Zúñiga como Tato sean responsables solidariamente de 422,174.40 euros en concepto de indemnización a las familias de los fallecidos, y considera al Estado como responsable civil subsidiario, conforme al artículo 121 del Código Penal.

Detalles del incidente

La investigación del caso, que comenzó en julio de 2024, reveló que el capitán Zúñiga, como jefe de la compañía durante las maniobras ALFA, fue el encargado de la planificación y ejecución del ejercicio que resultó fatal. Según el fiscal, Zúñiga no proporcionó información clara sobre las condiciones del ejercicio, que consistía en un cruce a nado de un embalse, y tomó decisiones de manera improvisada, sin la debida comunicación con sus superiores.

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El ejercicio requería que los soldados cruzaran el embalse con equipo completo, incluyendo un fusil, mochila y casco. Sin embargo, se observó que las mochilas, que debían servir como flotadores, no eran estancas, lo que complicó la flotabilidad de los participantes. Además, el teniente Tato, a pesar de conocer el diseño del ejercicio, no realizó las comprobaciones necesarias para garantizar la seguridad de los soldados.

El caos durante las maniobras

Durante la actividad, se reportó una falta de instrucciones claras, lo que generó un ambiente de desorden inmediato entre los soldados. Muchos enfrentaron dificultades para avanzar en las aguas heladas y se escucharon gritos de auxilio. La situación se tornó crítica cuando la cuerda de seguridad perdió tensión, lo que llevó a la confusión y al pánico entre los participantes.

A pesar de las advertencias sobre la ausencia de ambulancias cercanas debido a otros ejercicios en curso, la respuesta a la emergencia fue tardía. La ambulancia llegó al lugar nueve minutos después de que se solicitara, y el capitán Zúñiga comunicó la situación al servicio de emergencias. Los cuerpos de los militares fallecidos fueron recuperados posteriormente, y los informes de autopsia confirmaron que ambos habían muerto por «síndrome anóxico por sumersión».

Consecuencias del trágico suceso

Además de las muertes, el incidente dejó a dos soldados con severos síntomas de hipotermia, lo que resultó en su hospitalización. Este caso no solo ha conmovido a la comunidad militar, sino que también ha puesto de relieve la importancia de la seguridad y la preparación en las maniobras militares. La conclusión del juicio y las posibles condenas sentarán un precedente sobre la responsabilidad en la ejecución de ejercicios de esta naturaleza.

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