Una nueva perspectiva sobre la interacción con la inteligencia artificial
A lo largo de cuatro décadas, Sherry Turkle ha dedicado su carrera al estudio de los efectos que conlleva la interacción con computadoras, consolidándose como una investigadora social rigurosa y meticulosa. Sin embargo, en su reciente publicación, «Artificial Intimacy: Who We Become When We Talk to Machines» (Intimidad artificial: en quiénes nos convertimos cuando hablamos con máquinas), la autora adopta un enfoque más alarmante. Este libro se presenta como una advertencia contundente sobre un estado de emergencia en el que nuestra humanidad se ve amenazada por la dependencia excesiva de máquinas que se hacen pasar por figuras de autoridad, amigos, colegas y hasta amantes. Turkle busca situar su obra al nivel de textos emblemáticos como «Silent Spring» (Primavera silenciosa) o «Unsafe at Any Speed» (Inseguro a cualquier velocidad), que han despertado la conciencia pública ante crisis inminentes.
La profesora del MIT se enfrenta a una industria millonaria respaldada por un gobierno que parece dispuesto a acelerar el desarrollo de la inteligencia artificial en todos los aspectos de nuestra vida cotidiana, tanto personal como profesional.
La inteligencia artificial física y su impacto
La inteligencia artificial física trasciende las pantallas, llevándola al mundo tangible a través de máquinas equipadas con sensores y procesadores propios. No obstante, es importante destacar que no se trata de robótica tradicional, sino de un concepto innovador y diferente.
En una conversación con Steven Levy, Turkle reflexiona sobre el cambio de enfoque en su obra, ya que sus libros anteriores se centraban en los resultados de su investigación como científica social, revelando a menudo conclusiones inquietantes sobre la interacción humana con la tecnología. Sin embargo, en esta ocasión, su perspectiva ha cambiado drásticamente. A raíz de varias entrevistas realizadas durante la pandemia, su curiosidad académica se transformó en una alarmante preocupación. Durante esas conversaciones, muchos compartieron con ella que, a pesar de las dificultades que vivían, su único deseo era pasar tiempo con sus chatbots. Al entrevistarlos cara a cara, Turkle se dio cuenta de que las personas preferían evitar la política y sumergirse en el mundo de los chatbots. Así, la premisa central de su libro se convierte en un llamado a la realidad: «la realidad te necesita. No podría haber peor momento para renunciar a la realidad».
Las redes sociales y la nueva relación con los chatbots
Turkle también señala que las redes sociales han contribuido a esta situación. Nos han acostumbrado a pensar que si nos sentimos tristes o deprimidos, basta con encender la computadora. Aunque inicialmente esto nos conectó con otros, ahora contamos con una tecnología que nos permite interactuar de manera más distante y menos personal.
Cuando se le pregunta si debería prohibirse el uso de la primera persona por parte de los chatbots, Turkle responde afirmativamente. A lo largo de su trayectoria, ha mantenido su credibilidad sin ser considerada una radical opositora a la tecnología, pero advierte que la situación actual es peligrosa. La utilización de chatbots se está promoviendo como una alternativa a la psicoterapia, haciendo que muchas personas dependan de ellos para practicar conversaciones que deberían tener con sus jefes, parejas o profesores. Sin embargo, esta práctica puede llevar a que la interacción con los chatbots se convierta en el objetivo final, en lugar de un simple ejercicio.
La dependencia de los chatbots en el ámbito laboral
Turkle también expresa su preocupación por la creciente dependencia de los chatbots en el entorno laboral, criticando especialmente el término «human in the loop». Este concepto implica que el ser humano se ha vuelto un mero espectador en el proceso productivo, encargado únicamente de realizar tareas de supervisión, como detectar errores o «alucinaciones» que la inteligencia artificial no puede identificar. Según ella, esta dinámica resulta ineficaz, ya que las empresas suelen contar solo con un par de personas en el bucle, quienes no tienen capacidad para influir en el sistema o realizar cambios significativos.
