En las consultas de Atención Primaria se repite una escena cada vez más habitual: pacientes con colesterol alto, hígado graso, diabetes o incluso enfermedades neurodegenerativas buscan respuestas que, en muchos casos, van más allá de un tratamiento farmacológico. La clave, coinciden cada vez más profesionales, está en algo tan cotidiano como lo que comemos. Y, sin embargo, el sistema sanitario sigue sin integrar de forma estructural a quienes más saben sobre ello.
Esa es la conclusión que ha dejado la III Jornada “Abordaje nutricional desde la Atención Primaria: casos prácticos”, celebrada en Elche. El encuentro ha reunido a médicos de familia y dietistas-nutricionistas en un mensaje claro y compartido: la incorporación de estos profesionales en los centros de salud no es un lujo, sino una necesidad urgente.
La nutrición, en el centro de la salud
El consenso entre los especialistas es contundente. La alimentación no solo influye en la salud: en muchos casos, la determina. Enfermedades como la hipercolesterolemia, la esteatosis hepática —conocida como hígado graso— o incluso el alzhéimer tienen una relación directa con los hábitos alimentarios.
“Lo vemos cada día en consulta”, vienen a coincidir los profesionales. Pacientes que llegan con patologías crónicas cuyo manejo depende, en gran medida, de cambios sostenidos en la dieta. Sin embargo, son los propios médicos quienes reconocen que no siempre cuentan con el tiempo ni con la especialización necesaria para abordar estos casos con la profundidad que requieren.
La presidenta de la Sociedad Valenciana de Medicina Familiar y Comunitaria, Mª Ángeles Medina, lo expresó sin rodeos durante la jornada: la presencia de dietistas-nutricionistas en Atención Primaria es “una necesidad asistencial”. Una afirmación que resume el sentir de un colectivo cada vez más consciente de las limitaciones del modelo actual.
Más que un complemento: una pieza clave
Durante años, la nutrición ha ocupado un lugar secundario dentro del sistema sanitario, a menudo relegada a recomendaciones generales o folletos informativos. Pero la realidad clínica está obligando a replantear este enfoque.
Maite Navarro, presidenta del Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas de la Comunitat Valenciana, puso cifras a esta necesidad: una alimentación saludable puede reducir hasta un 30% el riesgo de desarrollar enfermedades no transmisibles. Una cifra que, en términos de salud pública, supone un impacto enorme.
“No hablamos de algo accesorio”, insistió. “Hablamos de una herramienta terapéutica de primer orden”.
La idea es clara: integrar a los dietistas-nutricionistas en los equipos permitiría no solo tratar mejor a los pacientes, sino también prevenir la aparición de enfermedades, reduciendo la presión sobre el sistema sanitario.
Casos reales, soluciones compartidas
Uno de los aspectos más relevantes de la jornada celebrada en Elche fue su enfoque práctico. Lejos de las teorías, los profesionales trabajaron sobre casos clínicos reales, los mismos que se encuentran cada día en consulta.
Equipos formados por médicos y nutricionistas analizaron juntos situaciones complejas: pacientes con enfermedad renal crónica, trastornos lipídicos o deterioro cognitivo. El resultado fue una constatación evidente: cuando se combinan conocimientos, las soluciones son más completas.
El trabajo conjunto no solo amplía las herramientas disponibles para los profesionales, sino que mejora directamente la atención al paciente. “Cuando compartimos mirada clínica, el abordaje mejora”, subrayó Medina. Y mejora, sobre todo, para quien está al otro lado de la consulta.
Una demanda que nace desde dentro
Lo significativo de este movimiento es que no surge únicamente desde el ámbito de la nutrición, sino también desde la propia medicina. El director territorial de Sanidad, Francisco Ponce, lo expresó con una reflexión personal cargada de sentido: como médico, hubiera querido contar con un dietista-nutricionista para enseñar a sus pacientes a comer mejor.
Esta autocrítica refleja un cambio de paradigma. La medicina no renuncia a su papel, pero reconoce que necesita apoyarse en otros perfiles para ofrecer una atención más completa.
Prevención: la gran asignatura pendiente
Más allá del tratamiento, la jornada puso el foco en uno de los grandes retos del sistema sanitario: la prevención. La concejala de Familia, Mayores e Infancia del Ayuntamiento de Elche, Aurora Rodil, lo resumió con claridad: muchas enfermedades crónicas podrían evitarse si se actuara antes, empezando por los hábitos de vida.
En este sentido, la alimentación aparece como un factor determinante. No solo en el desarrollo de enfermedades, sino también en su evolución. Sin embargo, la estructura actual del sistema sigue estando más orientada a curar que a prevenir.
La integración de dietistas-nutricionistas podría contribuir a cambiar este enfoque, acercando la educación alimentaria a la población y actuando antes de que aparezcan los problemas.
Hacia un nuevo modelo de Atención Primaria
El debate abierto en Elche apunta hacia una transformación más profunda del sistema sanitario. Una Atención Primaria más resolutiva, más cercana y más centrada en el paciente.
Para lograrlo, los expertos coinciden en que es necesario incorporar perfiles que aporten valor real. Y, en ese escenario, la nutrición deja de ser un complemento para convertirse en un pilar fundamental.
El reto ahora es trasladar este consenso profesional a las políticas sanitarias. Porque, como quedó claro en la jornada, la evidencia está sobre la mesa. Y la pregunta ya no es si se debe dar el paso, sino cuánto tiempo más puede esperar el sistema para hacerlo.
