El aumento del espionaje marroquí en España
A pesar de los acuerdos de cooperación firmados entre España y Marruecos, el panorama de la seguridad nacional se complica con el incremento de las actividades de espionaje marroquí en territorio español. Desde hace más de veinte años, el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) ha estado alertando sobre la existencia de redes de espionaje vinculadas a Rabat, que se centran en políticos, activistas saharauis, opositores y comunidades de inmigrantes.
Un contexto tenso y contradictorio
En abril de 2022, ambas naciones prometieron una colaboración «franca y leal», poco después de que el presidente Pedro Sánchez modificara su postura sobre el Sáhara Occidental. Sin embargo, durante ese período, se detectó que los teléfonos de Sánchez y varios ministros habían sido infectados por el software espía Pegasus. Esta situación pone de manifiesto la creciente agresividad del espionaje marroquí, que, de acuerdo con fuentes de los servicios de información españoles, se ha vuelto más intenso y peligroso que las acciones de otros países como Rusia y China.
La presión migratoria, ejemplificada por la crisis de Ceuta, en la que más de 72.000 personas intentaron cruzar la frontera, es una de las estrategias más evidentes empleadas por Marruecos. Sin embargo, el espionaje se ha convertido en una herramienta fundamental para ejercer presión sobre el gobierno español, con actividades que se han intensificado desde 2004, tras los atentados del 11-M.
Espionaje y redes de influencia
Las investigaciones han revelado la extensión de las operaciones de espionaje marroquí, que se manifiestan a través de una red de agentes y colaboradores en España. Aunque Marruecos no cuenta con la misma capacidad tecnológica que Rusia o China, su fuerza radica en la presencia en el terreno, donde ha establecido conexiones a través de consulados, asociaciones y contactos políticos y religiosos.
Los documentos de Seguridad Nacional mencionan tácticas de «guerra híbrida» dirigidas desde Marruecos, incluyendo el uso de la inmigración y el espionaje para presionar a otros gobiernos. Esto se traduce en un esfuerzo constante por controlar a sus ciudadanos en el extranjero y alinear sus posiciones con los intereses de Rabat.
Casos judiciales y la evidencia del espionaje
A través de sentencias y documentos confidenciales, ha quedado al descubierto la actividad de espionaje marroquí. La Audiencia Nacional ha obligado a los servicios secretos a justificar sus acciones en el contexto de la seguridad nacional, lo que ha llevado a la revelación de la magnitud de la red de espionaje que opera en España.
Uno de los casos más destacados involucra a un ciudadano marroquí que colaboró con los servicios de inteligencia de su país durante más de dos décadas. Además, se han identificado conexiones con empleados del consulado marroquí en Madrid y redes organizadas en varias ciudades españolas, que se encargan de elaborar informes y manipular a representantes de la comunidad musulmana.
Las implicaciones de Pegasus
El uso del software espía Pegasus ha sido un punto crítico en esta saga de espionaje. Investigaciones internacionales han señalado a la DGST marroquí como responsable de numerosos intentos de ataque contra números españoles, afectando a periodistas, activistas y miembros del Frente Polisario. Este tipo de espionaje se intensificó durante momentos de crisis, como la acogida del líder del Polisario, Brahim Ghali, en 2021.
Aunque las sospechas sobre la implicación de Marruecos han crecido, hasta ahora no se ha concretado una atribución judicial clara. A pesar de las evidencias técnicas y testimonios que apuntan a la responsabilidad de Rabat, el país ha negado cualquier actividad de espionaje en este ámbito.
Repercusiones a nivel europeo
La preocupación por las actividades de espionaje de Marruecos no se limita a España. El Parlamento Europeo ha indicado que existen indicios de que Marruecos ha estado implicado en el espionaje de ciudadanos europeos de alto nivel. Informes adicionales han sugerido intentos de influir en eurodiputados a través de la corrupción, lo que pone de manifiesto la complejidad de la estrategia híbrida del país vecino.
La situación actual contrasta con los acuerdos de amistad firmados en el pasado, que establecían la necesidad de actuar de buena fe y abstenerse de cualquier tipo de coerción. La realidad muestra que las tensiones entre ambos países han dejado en entredicho esos compromisos, evidenciando un panorama complejo y desafiante en las relaciones hispano-marroquíes.
