La Advertencia de un Experto sobre el Futuro del AVE
Recientemente, escuché a un destacado técnico en infraestructuras expresar una inquietante recomendación: “No cojas el AVE”. Este consejo, derivado de su experiencia profesional, es un reflejo de una situación alarmante en la que nos encontramos. Según él, la falta de inversión en el mantenimiento durante años ha creado una situación crítica.
De la Excelencia a la Desconfianza
En las últimas dos décadas, España se transformó de ser un modelo mundial en alta velocidad ferroviaria a enfrentarse a una creciente desconfianza en su propia red. Los incidentes como suspensiones, retrasos, traqueteos y, lo más trágico, descarrilamientos y muertes, no son meras coincidencias. Más que una racha negativa, son un claro indicio de un problema más profundo.
Durante mucho tiempo, hemos creído que los trenes eran un bien eterno, que bastaba con inaugurarlos para garantizar su funcionamiento. La idea de que el mantenimiento podía relegarse a un segundo plano, mientras se priorizaba la publicidad y el impacto mediático, ha llevado a una situación insostenible. Hemos explotado una “gallina de huevos de oro” en aras de la propaganda.
La Política Ante la Gestión Profesional
La política ha sustituido la gestión efectiva por una narrativa que a menudo no refleja la realidad. La técnica ha sido reemplazada por el amiguismo, y la prevención ha cedido ante el partidismo. Este es el resultado de una impostura que ha calado en la gestión pública.
No somos ajenos a lo que sucede en otros países; la política puede invadir lo que debería ser un ámbito de profesionalismo. Las vías no distinguen ideologías, los raíles no tienen preferencias políticas, y las leyes de la física son innegociables. La falta de juicio también tiene consecuencias tangibles.
La Pérdida de Confianza y sus Consecuencias
El miedo a utilizar el AVE no surge de la nada; se manifiesta cuando la confianza se erosiona. Actualmente, por primera vez en décadas, hay ciudadanos españoles que miran un tren con incertidumbre. Esta situación no es únicamente un colapso técnico, sino también un profundo fracaso moral de quienes detentan el poder.
La necesidad de un cambio radical es evidente. La reconstrucción de la confianza en nuestro sistema ferroviario es fundamental para devolver a España a su estatus de referencia en alta velocidad. La responsabilidad recae en aquellos que deben priorizar la gestión sobre la propaganda y la seguridad sobre la política.
