Entre Burbujas es una clínica de hidroterapia y desarrollo infantil en Alicante. Su fundadora, Aida Cruz, terapeuta ocupacional pediátrica, trabaja con bebés, niños y sus familias. En esta entrevista repasa el origen del centro, el trabajo en el agua y el acompañamiento que reciben las familias.
¿Cómo nació Entre Burbujas y qué os llevó a crear un centro especializado en desarrollo infantil y acompañamiento a las familias?
Entre Burbujas nació de mi propia historia, en realidad, mucho antes de abrir el centro. Yo crecí con un hermano con autismo (él tiene 33 años, yo 36), y vi de cerca lo que supone para una familia buscar ayuda, luchar por encontrar recursos, y lo sola que te puedes sentir cuando no encajas en lo esperado. Vi a mis padres pelear muchísimo por él, y esa vivencia me marcó para siempre.
Cuando me formé como terapeuta ocupacional, tuve claro que quería trabajar con la primera infancia, porque es el momento donde más se puede ayudar y donde las familias más necesitan sentirse acompañadas, no juzgadas. Y el agua apareció casi por intuición: vi el potencial que tenía para bebés y niños con necesidades muy distintas, y descubrí que en toda la provincia de Alicante no existía ningún centro de hidroterapia especializado en atención temprana. Así que decidí crearlo yo.
Este año Entre Burbujas cumple cuatro años, y para mí no es solo un centro de terapia: es el lugar donde intento darle a otras familias lo que a la mía le hubiese encantado tener — un sitio donde sentirse comprendidas, acompañadas, y donde ver que su bebé, sea cual sea su diagnóstico o su ritmo, tiene un espacio para crecer.
¿Cuál es la filosofía de trabajo de Entre Burbujas y qué aspectos consideráis fundamentales a la hora de acompañar el desarrollo de cada niño?
Nuestra filosofía se resume en una idea muy sencilla: cada niño es único, y por tanto cada acompañamiento también lo es. No trabajamos con protocolos cerrados ni con la idea de ‘corregir’ al niño para que encaje en un molde. Trabajamos observando primero, escuchando mucho, y respetando el ritmo de cada peque, venga con el diagnóstico que venga o sin ningún diagnóstico también.
Para mí hay tres pilares fundamentales. El primero es el vínculo: antes de pedirle nada a un bebé, necesita sentirse seguro y en confianza, con nosotras y con el agua. Sin eso, no hay avance posible. El segundo es la base sensorial: todo lo que trabajamos (ya sea en el agua o en sesiones de integración sensorial) tiene que ver con ayudar al cerebro del niño a organizar lo que siente y lo que vive, porque de ahí nace después el movimiento, la comunicación, el aprendizaje. Y el tercero, que para mí es casi el más importante, es la familia. No tratamos solo al niño; acompañamos a los papás, porque sabemos lo que es cargar con la incertidumbre, el cansancio y a veces la soledad de no saber si lo estás haciendo bien. Si la familia está sostenida, el niño avanza mejor.
Al final, no buscamos que el niño llegue a un hito concreto en una fecha concreta. Buscamos que cada sesión le sume algo, a su manera y a su ritmo, y que su familia salga de aquí sintiéndose un poco más acompañada que cuando entró, y con más herramientas para sentirse segura acompañando a su bebé desde casa.
Entre vuestros servicios se encuentra la hidroterapia infantil. ¿En qué consiste este tipo de sesiones y qué beneficios puede aportar a los bebés y niños?
La hidroterapia consiste en trabajar en el agua, de forma individual con cada bebé o niño, aprovechando algo que en sala no podemos conseguir: el agua reduce el efecto de la gravedad, así que un bebé con bajo tono muscular, o un niño con parálisis cerebral, puede moverse con mucha más libertad de la que tiene fuera. Eso le permite practicar movimientos que todavía no logra hacer en tierra.
Además, la presión del agua le da al cuerpo información constante, lo que ayuda al cerebro a entender mejor dónde está y cómo se mueve. Y hay un efecto que a mí me parece precioso: el agua calentita, regula. Calma a los bebés que están muy alterados o son muy sensibles, y activa a los que tienen poco tono o poca iniciativa de movimiento. No es solo un beneficio físico, es un trabajo profundo a nivel de sistema nervioso.
Trabajamos con bebés desde que se les cae el cordón umbilical, y con niños de todas las edades sin diagnóstico, o con diagnósticos como: parálisis cerebral, autismo, prematuridad, hipotonía… El agua se adapta a cada uno, y eso es parte de su magia.
¿Cómo adaptáis los tratamientos y actividades a la edad, necesidades y momento de desarrollo de cada niño?
Aquí no existen dos sesiones iguales, porque no existen dos niños iguales. Antes de empezar cualquier tratamiento, dedicamos tiempo a observar: cómo se mueve el niño, cómo reacciona a los estímulos, qué le calma y qué le altera, en qué momento de desarrollo está realmente, más allá de lo que “le toca” por edad.
A partir de ahí, diseñamos cada sesión a medida. Con un bebé muy pequeñito, por ejemplo, el trabajo puede ser simplemente de vínculo y regulación: que se sienta seguro en el agua, que empiece a disfrutar del movimiento. Con un niño con parálisis cerebral, trabajamos mucho el control postural y el movimiento que en tierra le cuesta tanto esfuerzo. Con un niño con autismo, cuidamos muchísimo la parte sensorial: la temperatura, los sonidos, el ritmo de la sesión, porque necesita ese entorno regulado para poder aprovechar el trabajo.
Y algo superimportante en nuestra forma de trabajar es que la adaptación no es solo al principio. Vamos ajustando sesión a sesión, porque cada niño cambia, avanza, tiene días mejores o peores, y nuestro trabajo es estar ahí, atentas, acompañando ese proceso sin prisa y adaptándonos a ellos.
¿Qué papel desempeña la fisioterapia pediátrica dentro de vuestro trabajo y cuáles son algunos de los motivos más habituales por los que las familias recurren a este servicio?
La fisioterapia pediátrica es otra de las patas fundamentales de Entre Burbujas, y muchas veces va de la mano con la hidroterapia y la terapia ocupacional: lo que trabajamos en el agua se complementa con el trabajo en sala, y al revés. Muchas veces combinamos las sesiones de agua y sala para obtener otras respuestas por parte de los bebés que nos dan muchísima información para avanzar en la intervención.
Las familias suelen llegar a nosotras por motivos muy distintos: retraso psicomotor, tortícolis, plagiocefalia, hipotonía, prematuridad, gases, cólicos, parálisis cerebral, autismo, e incluso muchos simplemente para estimular a su bebé o para que se maneje con seguridad dentro del agua. Lo que tienen en común casi todas es la misma sensación inicial: la incertidumbre de no saber si el desarrollo de su hijo va bien, y la necesidad de que alguien las guíe y las acompañe en ese camino, no solo que les dé ejercicios.

También trabajáis áreas como la integración sensorial. ¿En qué consiste y en qué situaciones puede ser especialmente beneficiosa para el desarrollo infantil?
La integración sensorial es la forma en que el cerebro recibe, organiza y da sentido a toda la información que le llega a través de los sentidos: el tacto, el movimiento, el equilibrio, lo que ve, lo que oye. Cuando esa organización no funciona bien, el niño puede tener dificultades que a veces no se entienden bien desde fuera: niños que se agobian con ciertas texturas o sonidos, que necesitan moverse todo el rato, que les cuesta mantener la atención, o que parecen torpes para su edad.
Es especialmente beneficiosa en niños con autismo, con TDAH, con dificultades de aprendizaje, prematuros, o simplemente niños que están teniendo un desarrollo motor o sensorial más lento o más rápido de lo esperado. Porque el que vayan más rápido para su edad también puede indicarnos tensiones a nivel muscular y un sistema nervioso desregulado.
Trabajamos dándole al cerebro experiencias sensoriales organizadas y seguras, para que poco a poco aprenda a procesar mejor lo que siente, y eso luego se traduce en más calma, más atención, más facilidad para moverse y relacionarse con su entorno.
¿Qué importancia tiene la participación de las familias durante los tratamientos y cómo les ayudáis a continuar en casa algunas de las pautas o actividades aprendidas en el centro?
Para mí es fundamental, casi diría que es la parte más importante. El niño pasa con nosotras una hora a la semana, pero vive 24 horas al día con su familia. Si lo que trabajamos aquí no se traduce en el día a día de casa, se queda muy corto.
Por eso en cada sesión intentamos que los papás estén presentes, vean lo que hacemos y por qué lo hacemos, para que no sea algo que “solo pasa en la piscina” o “solo pasa en la sala de estimulación”. Y además, les mandamos vídeos, les damos herramientas o pautas por escrito, atención por el grupo de WhatsApp con actividades o resolución de dudas. Así pueden seguir trabajando pequeños momentos en casa, sin que suponga una carga más, sino algo sencillo que cabe en la rutina familiar.
Además de los tratamientos individuales, organizáis talleres y actividades para familias. ¿Qué buscáis conseguir con estas iniciativas y qué acogida tienen entre padres y niños?
Sí, además del trabajo individual, organizamos talleres abiertos a las familias, más o menos uno al mes: talleres de música o baile al aire libre, cuentacuentos, talleres sensoriales, actividades especiales como Halloween, Navidad…, siempre con la misma idea de fondo: ofrecerles experiencias y vivencias sensoriales nuevas, que activen esas conexiones en su cerebro, que les expongan a situaciones distintas a las de siempre y se relacionen con otros bebés.
Pero siempre respetando el ritmo de cada niño, y siempre en formato libre, que toquen, que observen, que exploren a su manera, sin indicaciones cerradas ni exigencias. Acompañados por sus mamás y papás. No buscamos que hagan una actividad ‘bien’ o ‘mal’, buscamos que vivan la experiencia como ellos la necesiten vivir.
La acogida siempre es muy bonita. Son momentos en los que las familias salen del formato más individual de la terapia y se encuentran con otras familias que están viviendo procesos parecidos, y eso también genera unión, tranquilidad y una comunidad, no solo estimulación para los peques.
¿Qué importancia tienen las instalaciones y el entorno a la hora de trabajar con bebés y niños, especialmente en servicios relacionados con la hidroterapia?
Muchísima. Cuando trabajas con bebés tan pequeños, o con niños muy sensibles a nivel sensorial, el entorno no es un detalle estético, es parte del tratamiento.
Mi centro es un espacio que transmite calma desde que entras: tiene mucha luz natural, música relajante de fondo, y un ambiente muy tranquilo y controlado, tanto a nivel de sonido como de espacio. La piscina es de tamaño reducido, íntima, nada que ver con una piscina grande y ruidosa donde el bebé pueda sentirse desbordado. El agua no lleva cloro, no tiene olores fuertes, y la temperatura está siempre controlada y adaptada a cada bebé, calentita, para que se sienta seguro y a gusto desde el primer momento.
Cuidamos cada detalle para que, desde que entran por la puerta, tanto el bebé como la familia sientan calma, no otro sitio más donde “hay que rendir”. Un entorno seguro y tranquilo es lo que permite que el niño se relaje lo suficiente como para poder aprovechar la sesión. Porque para que se dé realmente el aprendizaje hay que partir desde un lugar seguro y tranquilo.
Después de la experiencia acumulada desde la puesta en marcha de Entre Burbujas, ¿cuáles son vuestros próximos objetivos y cómo os gustaría que evolucionara el proyecto en los próximos años?
La verdad es que no busco convertir Entre Burbujas en una franquicia ni en algo que crezca por crecer. Mi objetivo es que siga siendo, y cada vez más, un espacio seguro, tranquilo y de referencia en infancia y en pediatría temprana, tanto para familias que tienen un diagnóstico como para aquellas que simplemente quieren acompañar bien esos primeros meses de vida, que son tan valiosos a nivel de desarrollo cerebral.
Me encantaría que, cuando una familia piense en estimular a su bebé, en darle experiencias nuevas, en acompañarlo en su crecimiento (haya o no alguna dificultad) piense en Entre Burbujas como ese lugar de referencia. No solo un sitio al que se viene a “hacer terapia” o a “jugar en el agua”, sino una comunidad de familias que encuentran aquí acompañamiento real en todo el proceso.
Y si pudiera soñar a lo grande, me encantaría algún día poder llegar también a los hospitales: acompañar, formar, o dar información a las familias desde el mismo momento en que nace el bebé, sobre todo a padres primerizos o familias de bebés prematuros, antes incluso de volver a casa. Crear algún tipo de programa, en colaboración con sanidad, que permita valorar cada caso nada más nacer y acompañar a esa familia desde el primer día, no cuando el problema ya se ha instalado.
Si en unos años Entre Burbujas es eso, un espacio referente, de confianza, donde cada familia se siente sostenida (venga por lo que venga), que además pueda llegar más lejos, a más familias y más hogares desde el origen, para mí ya habré cumplido con mi propósito.
DIRECCION: Pl. del Papa Juan Pablo II 11, Local 1, 03005 Alicante
