Mañana, 4 de marzo, se conmemora el Día Mundial contra la Obesidad, una fecha que invita no solo a la reflexión, sino también a la acción. La obesidad ha dejado de ser un problema individual para convertirse en uno de los principales retos de salud pública del siglo XXI. Así lo advierte el Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas de la Comunitat Valenciana (CODiNuCoVa), que alerta de que el exceso de peso es hoy la principal puerta de entrada a las enfermedades crónicas más prevalentes en la población adulta.
Diabetes tipo 2, hipercolesterolemia o hipertensión arterial forman parte de un grupo de patologías no transmisibles que concentran una enorme carga sanitaria y social. En su conjunto, estas enfermedades representan el 82% de la mortalidad en España, un dato que pone de manifiesto la magnitud del problema y la necesidad urgente de reforzar las estrategias de prevención.
Enfermedades que llegan cada vez antes
“La obesidad se ha convertido en un problema de salud pública de primer orden”, explica Maite Navarro, presidenta del Colegio. Una de las señales más preocupantes es el adelanto en la aparición de enfermedades que antes se asociaban casi exclusivamente a edades avanzadas. “Estamos viendo cómo patologías como la diabetes tipo 2 se diagnostican cada vez más pronto. De hecho, la edad media de debut se ha reducido en alrededor de 20 años”, subraya.
Este cambio no es casual. El incremento de la obesidad en adultos está estrechamente ligado al estilo de vida actual. Jornadas laborales extensas, falta de tiempo para cocinar y planificar menús, escasa educación nutricional y niveles elevados de estrés configuran un escenario poco favorable para la salud. A ello se suma el consumo frecuente de productos ultraprocesados, ricos en azúcares añadidos, grasas de baja calidad y sal, frente a una ingesta claramente insuficiente de frutas, verduras y alimentos frescos.
“El sedentarismo y la falta de tiempo para cuidarse completan un cóctel que favorece tanto la aparición como el mantenimiento de la obesidad en la edad adulta”, añade Navarro. Un problema que no solo reduce la calidad de vida, sino que incrementa el riesgo de sufrir enfermedades crónicas, dependencia y mortalidad prematura.
La infancia, en el punto de mira
Si el panorama en adultos resulta preocupante, los datos sobre obesidad infantil no lo son menos. En la Comunitat Valenciana, el 18% de los menores presenta obesidad y siete de cada diez continuarán siéndolo en la edad adulta si no se produce un cambio significativo en sus hábitos.
Según los datos recogidos por el CODiNuCoVa, el 86% de los menores valencianos necesita mejorar su alimentación, el 40% no realiza ningún tipo de ejercicio físico habitual y pasan una media de tres horas diarias frente a las pantallas, una cifra que se incrementa durante los fines de semana. Estos comportamientos, muy alejados de las recomendaciones de salud, aumentan el riesgo de desarrollar un exceso de masa grasa desde edades tempranas.
“El patrón alimentario de muchos niños se caracteriza por un bajo consumo de frutas, verduras y alimentos frescos, y una elevada presencia de productos ultraprocesados”, señala Navarro. A esto se suma la reducción del juego activo y el aumento del sedentarismo, configurando un entorno claramente obesogénico. La consecuencia es evidente: más sobrepeso, más obesidad y mayor probabilidad de arrastrar estos problemas durante toda la vida.
Educar hoy para proteger el mañana
Desde el Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas insisten en que la prevención debe comenzar cuanto antes y situar la educación alimentaria en el centro de las políticas públicas. Fomentar el consumo diario de frutas y verduras, priorizar alimentos frescos frente a procesados, eliminar las bebidas azucaradas y promover al menos una hora diaria de actividad física son medidas básicas, pero esenciales para revertir la tendencia actual.
No menos importante es limitar el tiempo de exposición a pantallas, garantizar un descanso adecuado y asegurar que los entornos escolares faciliten elecciones saludables, tanto en los comedores como en los contenidos educativos. La educación nutricional, recuerdan los expertos, no consiste solo en transmitir información, sino en dotar a niños y familias de herramientas prácticas para elegir, planificar y comprender la relación directa entre alimentación y salud.
“La educación alimentaria no puede recaer únicamente en las familias; necesita el respaldo estructural del sistema educativo y sanitario”, advierte la presidenta del Colegio. Invertir en programas continuados de educación nutricional mejora la adherencia a patrones dietéticos saludables, reduce el riesgo de obesidad y disminuye la probabilidad de desarrollar enfermedades crónicas en la edad adulta.
Una inversión rentable para el sistema sanitario
La prevención no solo es una cuestión de salud, sino también de sostenibilidad. “La prevención es siempre más eficaz y más rentable que el tratamiento”, afirma Navarro. En este sentido, desde el CODiNuCoVa reclaman la incorporación de dietistas-nutricionistas en la sanidad pública, especialmente en Atención Primaria y en el ámbito hospitalario.
Contar con estos profesionales permitiría detectar de forma precoz situaciones de riesgo, intervenir antes de que aparezcan complicaciones y reducir a medio y largo plazo el coste sanitario asociado a las enfermedades crónicas. “Nuestra presencia en el sistema público garantizaría una atención nutricional universal, pública y gratuita, y supondría un ahorro significativo al evitar el tratamiento de las enfermedades del futuro”, concluye.
En el Día Mundial contra la Obesidad, el mensaje es claro: actuar ahora es imprescindible. La obesidad no es solo una cuestión estética, sino una enfermedad compleja que condiciona la salud presente y futura de toda la sociedad. Prevenirla es una responsabilidad compartida y una inversión imprescindible para proteger el bienestar de las próximas generaciones.
